LA FORJA Y EL GREMIO DE CERRAJEROS Y HERREROS

EN CATALUÑA

 

 Publicado en el Calendario del Ermitaño de los Pirineos el año 2009.

 

Farga Color

Obrador d’un serraller, tal com apareix en el llibre de les professions de Hans Sach (1568). S’hi pot veure la típica manxa de Ferrer, de fusta i cuiro accionada a mà.

Enclusa sepia 2 

El trabajo de forja es la deformación del hierro en caliente, a golpes de martillo, sobre el yunque, para dar forma al metal y obtener objetos útiles. Los objetos hechos de hierro forjado eran de lo más variados: rejas, barandillas, picaportes, muelles, cerraduras, llaves, bisagras, morillos, herraduras, armas, herramientas para la agricultura, etc. Es interesante constatar que la mayoría de los objetos realizados con el trabajo de forja la utilidad iba unida con la belleza y esto fue así durante siglos. Y vemos como a la estructura útil se le superponían figuras fabulosas de dragones, águilas, gallos, elementos florales, espirales, … Los forjadores eran especialistas que dominaban un oficio artesanal que requería gran experiencia y al mismo tiempo gusto artístico.

El metal que empleaban los forjadores fue durante mucho tiempo el hierro dulce obtenido en las fraguas donde los minerales de hierro o menas (generalmente óxidos) eran reducidos en un horno por la acción reductora del carbón vegetal. El producto que era obtenido en la fragua era una masa esponjosa de hierro (cat. masser) que era sometida a los golpes de un gran martillo accionado por una rueda hidráulica. Con esta operación la masa era transformada en piezas alargadas de sección cuadrada o rectangular. Los forjadores elegían en la fragua las piezas más adecuadas para los objetos que debían fabricar y las llevaban al taller de forja, donde eran sometidas en un horno a sucesivos recalentamientos, a fin de mantener el grado de plasticidad adecuado para deformarse a martillazos, hasta obtener la forma deseada.

Hemos visto que, en el taller de forja, había como herramientas principales, el martillo, el yunque y la fragua, pero también había mazos de diferentes tamaños, tenazas también de diferentes tamaños y otras herramientas.

La continuidad del oficio se producía por medio de los aprendices que, en el taller, iban recibiendo los secretos del oficio, directamente del maestro forjador, hasta que estaban en condiciones de seguir trabajando en el oficio de una manera más autónoma como solteros y, más adelante, como maestros. En un taller de forja solía haber un maestro, un soltero, un soplador del fuelle y uno o dos aprendices.

En tiempos remotos, el forjador construía piezas de todas clases, pero pronto aparecieron las especializaciones y el oficio de forjador o herrero se subdividió en distintas profesiones. Aparecieron los cuchilleros, claveteros, herradores, escopeteros, caldereros, cuchilleros, cañoneros, relojeros, fontaneros, … Hoy, casi todas estas especialidades han desaparecido y sólo quedan, en zonas rurales, pequeños talleres de herrero que aglutinan en uno solo todos los oficios del hierro que aún perduran.

EL TRABAJO DE FORJA Y LOS GREMIOS

En la alta edad media los artesanos de las ciudades, pertenecientes a los diferentes oficios, se constituyeron en agrupaciones denominadas logias, formadas por trabajadores especializados a las órdenes de un jefe. Fue en 1200 cuando el rey Pedro el Católico firmó el privilegio de “Paz y Tregua”, por el que acogía, bajo su protección, a menestrales de diferentes oficios. Este primer documento significa ya un inicio de organización. No fue hasta los siglos XIV Y XV cuando, definitivamente, se dio forma de gremio a las asociaciones que, hasta entonces, ensayaban organizar, de forma corporativa, los oficios. Las corporaciones gremiales, en un primer momento, presentaban un carácter benéfico-religioso, pero también representaban una herramienta para resolver conflictos entre los agremiados y otros artesanos. Los artesanos les convenía formar parte del gremio, pues este defendía su trabajo del intrusismo y de la competencia desleal.

El año 1380 el rey catalán Pedro el Ceremonioso aprobó y firmó los Capítulos Fundacionales del Gremio de Cerrajeros y Herreros de Barcelona. Estos primeros Capítulos tenían un carácter benéfico-social. Fue en los nuevos privilegios, que varios reyes fueron concediendo, en cuanto se produjo la evolución hacia un sentido más corporativo del gremio. Sin perder de vista la vertiente social, uno se preocupaba de la problemática del trabajo. Los Capítulos fijaban los pagos que debían hacer los agremiados; la obligación de asistir a los entierros de los cofrades; las oraciones que debían rezar en sufragio del difunto; cómo actuar en casos de enfermedad grave; el modo de celebrar la fiesta de San Eloy, patrón del Gremio; la participación espiritual que deberían dispensar al rey, la reina y los niños en todos los actos piadosos.

Veinte años después de la aprobación de los primeros Capítulos fundacionales, el Gremio presentó al rey Martín el Humano unos nuevos privilegios, para añadir a los anteriores Capítulos, que el rey firmó el año 1401. Las novedades de estos privilegios fueron:

– Control más riguroso de las fraguas.

– Contratos con los aprendices, que los comprometían a no cambiar de maestro y que ningún interviniera en la obra que estaba haciendo otro.

Después de los privilegios del rey Martín, se integraron al Gremio varios ofiicios que tenían en común trabajar los metales y usar el fuego: cerrajeros, cuchilleros, chatarreros, etc.

En cuanto a la organización del trabajo, el Gremio era muy estricto. El año 1452, para poder abrir un taller y fabricar piezas había que pasar un examen ante los prohombres.

En el siglo XVI encontramos todavía dos nuevos privilegios, concedidos por los reyes Carlos I y Felipe II. El espíritu de ambos privilegios es el de reforzar el oficio, protegiendo los exámenes y velando por la calidad de las obras.

La relación entre el Gremio y la Corporación Municipal fue muy estrecha durante siglos. El gobierno municipal tenía una Asamblea Consultiva, constituida por prohombres sin limitación de número, que el rey Jaime I el Conquistador limitó el 1258 a doscientos prohombres y el 1265 se redujo a cien personas y, por ello, se llamó Consejo de Ciento . Este Consejo lo constituían diferentes estamentos. El nombramiento de los menestrales se realizaba con el acuerdo de los Gremios y éstos se consideraban honrados tomando parte en el gobierno de la ciudad. Por ello en el Consejo de Ciento se encontraban miembros del Gremio de Cerrajeros y Herreros. Los Gremios también hacían otro servicio en la ciudad: defenderla en caso de ataque del enemigo o en caso de revuelta. En tales situaciones, los herreros de Barcelona defendían la parte de la Puerta de San Daniel y los cerrajeros el baluarte de San Francisco.

El año 1714, el Consejo de Ciento fue abolido (al igual que las otras instituciones de gobierno de Cataluña) por el Decreto de Nueva Planta. El año 1758 fue creada la Junta de Comercio de Barcelona, ​​institución rectora de la actividad comercial e industrial catalana, que representaba otro concepto de la organización social. Los Gremios se mantuvieron, pero dependían de la Junta de Comercio. Parece que se mantuvieron porque representaban una fuente segura de ingresos.

EL ARTE DE LA FORJA: esplendor y decadencia

Desde la primera Edad del Hierro hubo forjadores que fabricaban utensilios para la agricultura, la manufactura y la guerra. Pero en la Edad Media los forjadores fueron diversificando sus trabajos e introduciendo elementos decorativos.

El Arte Románico, que apareció después de la decadencia del Imperio Carolingio, empleó como elemento ornamental las volutas, piezas de hierro en forma de espiral. Las dobles volutas, que se clavaba en las puertas de las iglesias, eran características del capitel jónico. O sea, que la doble voluta parece una reminiscencia de la cultura griega. Del periodo gótico son abundantísimos los testimonios que se conservan. Las rejas góticas empezaron a construirse hacia los inicios del siglo XIV y se aplicaron al cierre de las capillas dentro de las grandes iglesias. Otras piezas típicas del Arte Gótico catalán son los candelabros, decorados con lirios, piñas, hojas, …

En Cataluña perduró el trabajo de forja al estilo gótico durante los siglos XIV y XV, que fueron un período de esplendor. Pero en el reinado de los Reyes Católicos las cosas empezaron a ir mal. Económicamente hubo un descenso muy fuerte, sobre todo en perder los mercados de Oriente, cuando Bizancio cayó en poder de los turcos y en conceder los Reyes Católicos en Sevilla el monopolio del comercio con el Nuevo Mundo recién descubierto.

En los siglos XVI, XVII y XVIII no había medios económicos para abordar la construcción de importantes edificios públicos. El trabajo de los forjadores en este periodo, no fue monumental sino más bien casera: barandillas, balcones, decoración de interiores, calamilleras, cajas de caudales, relojes de campanario, picaportes, cerraduras, herramientas para el campo,… Las obras de forja se mantuvieron al estilo gótico, si bien ya en el siglo XVI se adoptó elementos propios del Renacimiento.

Ya muy avanzando el siglo XIX se introdujo la fabricación del hierro fundido en las obras de construcción y edificios monumentales. Esto representó un golpe muy fuerte para los talleres de forja, que ya empezaban a no ser rentables. No obstante, la forja vivió una época de resurgimiento debido a la instauración del Modernismo.

EL MODERNISMO

El Modernismo fue un movimiento cultural y estético que se produjo en occidente a finales del siglo XIX y principios del XX. En el aspecto artístico suele designar unas corrientes del arte occidental especialmente arquitectónicos y decorativos. Fue un estilo caracterizado el predominio de la curva sobre la recta, la riqueza y el detallismo de la decoración, el uso frecuente de motivos vegetales, el gusto por la asimetría, el esteticismo refinado y el dinamismo de las formas.

Los arquitectos modernistas más destacados fueron: Antoni Gaudí Cornet, Josep Maria Puig y Cadafalch y Lluis Domènech i Montaner. Los arquitectos fueron conscientes de que las cualidades de los artesanos eran imprescindibles para llevar a cabo sus proyectos arquitectónicos. Los forjadores fueron ser unos de los artesanos que se integraron en la corriente modernista y representaron un magnífico complemento para la arquitectura. Fabricaron barandillas para balcones y escaleras, viguería, lámparas de escalera, ménsulas y todo tipo de piezas artísticas de decoración. En estos trabajos los forjadores reencontraron sus orígenes, sus símbolos y leyendas. Y en su obra dejaron la huella del hombre sencillo, pero creativo, ligado con la tradición, apoyado en un pasado que ha heredado de sus padres y abuelos.

Vale la pena mencionar que el movimiento modernista no sólo afectó a la arquitectura y la forja. En Barcelona el movimiento artístico tuvo eco en una pléyade de ilustradores, cartelistas, pintores, escultores y escritores.

La utilización del hierro forjado en la construcción continuó después del período modernista y durante unos años se hicieron balcones y puertas de escalera. Pero las nuevas tecnologías fueron cambiando la fisonomía de las casas y el uso del hierro forjado se resiente. En este último periodo, hay constancia de la existencia de unos talleres donde trabajaban forjadores, que hicieron pensar en la posibilidad de volver a otra época dorada de la forja. Pero los cambios tecnológicos no sólo hacen posibles nuevas cosas sino que hacen imposibles las viejas. Y la forja es un arte ya viejo. Y va desapareciendo aquel trabajo tan ligado con la tradición: la de la forja y los forjadores.

Estanislau Tomás Morera

Para saber más:

MASCARELL y ROVIRA, Jordi: La Farga. Cuadernos de la revista de Girona. Diputación de Girona, 1993

GALLARDO Y GARRIGA, Antoni; RUBIÓ y TUDURÍ, Santiago: La Farga catalana. Rafael Dalmau, editor. Barcelona, ​​1993

 

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